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Las vacas del asfalto
Texto: Jaime Guerrero García
Fotos: Marco A. Alcaraz
Más allá de un taco de bistec, una hamburguesa, una deliciosa milanesa empanizada, de una chamarra de piel, unas botas vaqueras, un vaso de leche, de una corrida de toros o de una fiesta brava, las vacas demostraron que pueden servir para otras cosas, que pueden ser lienzos y piezas de inspiración para artistas, pintores y escultores, e incluso motivo de acciones vandálicas donde uno que otro frustrado les jala las tetas, las raya, les roba una pieza, y por si fuera poco, las arrojan desnudas al agua, en ausencia total de la policía y buen gobierno. ¡Total son vacas!
Y las 200 vacas resisten el invierno, su piel de fibra de vidrio las hace resistentes a pellizcos, caricias bien intencionadas y obscenas, inversiones térmicas, ruidos, humo, partículas contaminantes y uno que otro recargón de mirones y policías gordos que las usan para cubrirse del sol de mediodía en Paseo de la Reforma.
El Cow Parade, de origen suizo, quien fue de la idea de organizar esta exposición urbana, ubicó muy bien los lugares para exhibir estas obras de arte, de tal forma de que las zonas de Polanco tuvieran a sus esculturas con cuernos, pero sin olores de estiércol, porque, ¿cómo la avenida más lujosa y aristocrática de la ciudad se vería con un inmenso corral? ¡Fuchi!, dirían las pocas y privilegiadas familias que diariamente comen carne.
No importa, las vacas están aquí y libraron el fin de año. A Traveling, una noche fría de diciembre la secuestraron, seguramente un grupo de "chavos" y la fueron a arrojar a una fuente, afortunadamente fue rescatada con tenis, mochila, lentes para el sol y short (lo bueno es que esta vaca no se encontró al matavaquitas).
Así como ella, la vaca de "la independencia", de color dorado, sirve como colgadera de los ambulantes al exterior del Museo de Antropología; la vaca partitura, tiene unos catalejos entre las nalgas, esto es parte de su atuendo, no es que algún turista haya querido mirar sus intestinos.
Cada una de las doscientas vacas tienen su gracia, cada paseante ve en ellas lo que quiere. Esta es una idea artística, comercial, samaritana, es una galería para el "populus", escenario de ventas para marcas, es una forma de ahuyentar a los ambulantes de ese espacio, es adornar las avenidas para que los ojos de la aristocracia y burocracia no se malhumoren entre el tráfico vehicular, lo que sí, no deja de ser es una buena idea.
Allá se encuentran unas vacas aisladas, en la avenida Juárez. Un joven de pantalón cholo, mechón oxigenado, tatuajes y aretes, dice: "están chidas estas vacas, pero que no las lleven más allá, porque si no, sí nos las tragamos, porque allá está chido el hambre", comenta refiriéndose al lado opuesto de las colonias de las niñas y niños bien de Polanco.
Las vacas siguen allí, plantadas, sin mugir, ellas no saben de la hambruna, de la lucha de clases, de los pejebonos, de los changarros y vochitos para todos, de que no ha llegado la segunda parte de los aguinaldos, del delegado cero, del ridículo aumento salarial, de las elecciones, del año de Hidalgo. Simplemente son vacas reformistas, perdón vacas de Reforma.
Fecha de publicación: Enero de 2006 |